¿Cómo fomentar la tolerancia a la frustración en nuestros niños?

¿Cuántas veces hemos visto que, cuando hay algo que no les sale, los niños se enfadan e incluso llegan a dejar de intentarlo? o ¿cuántas veces hemos visto que los niños se enfadan cuando no se hace lo que ellos o ellas quieren?

Seguramente, a muchos de vosotros os suenan situaciones como éstas… Son ejemplos de una baja tolerancia a la frustración.

En el post de hoy hablaremos de:

  • ¿Qué es la frustración?
  • Circunstancias alrededor de la frustración.
  • ¿Cómo ayudo a mi hijo?

¿Qué es la frustración?

Se puede definir la frustración como el obstáculo que interviene entre el niño y la meta a conseguir, sea del tipo que sea.

Es decir, la frustración aparece cuando una expectativa o un deseo no se cumple.

Es un hecho que todos vamos a enfrentar distintas dificultades y vivir algunos fracasos a lo largo de nuestras vidas. Es un hecho también que parte de nuestro éxito personal tiene que ver con cómo hacemos frente a esas dificultades, y de si somos capaces de salir adelante y aprender de ellas.

Cuando estas dificultades no se afrontan con éxito, hablamos de una baja tolerancia a la frustración. Algo que se da con mucha frecuencia en los niños y que, lamentablemente, acompaña a algunos de ellos en su vida adulta.

Es justamente en la infancia cuando se desarrollan los cimientos necesarios. Por eso es muy importante que, durante su proceso educativo y madurativo, los niños se hagan conscientes de que existen y existirán dificultades y que no se deben dejar abatir por ellas.

Pero tengamos en cuenta que la frustración en sí misma no debe verse como algo negativo. Por el contrario. Cierto nivel de frustración es necesario para la formación del carácter en un contexto de desarrollo emocional sano, que será beneficioso para el futuro.

La percepción del niño frente a la frustración es la que determinará cómo se sienta cuando exista un bloqueo en la obtención de lo que quiere, no así la frustración en sí misma. Así, si un niño tiene una percepción positiva de la frustración (lo que llamamos una alta tolerancia a la frustración), será capaz de utilizar sus propios recursos emocionales para aceptar la situación de forma positiva.


Circunstancias alrededor de la frustración.

Debemos estar atentos al compartimiento de nuestros hijos frente a las situaciones que generan frustración, pero teniendo en cuenta las circunstancias alrededor de la misma.

Esto es importante porque puede que haya causas que provoquen una baja tolerancia en un momento determinado, y que no reflejen su comportamiento general.

¿Qué preguntas nos debemos hacer?

  • ¿Está cansado o cansada? Cuando estamos cansados, ya seamos niños o adultos, los obstáculos que se nos presentan son más difíciles de asumir o sortear.
  • ¿Cuánto tiempo lleva intentando hacer eso que no le resulta? Debemos analizar nuestra insistencia en que las cosas se hagan de determinada manera, a lo mejor es momento de dejarles innovar o intentar como ellos lo vean, pero sin ser tan insistentes que provoquemos el hartazgo de nuestros hijos (¡muchos ya lo sabréis!).
  • ¿Cómo es tu hijo o hija? Como también nos pasa a algunos adultos, puede que los niños no tengan objetivos razonables. Hay niños más perfeccionistas que otros. Por otro lado, algunos de ellos no saben pedir ayuda o les da miedo o vergüenza hacerlo.
  • ¿Cuál es el nivel de exigencia por nuestra parte? Debemos estar muy atentos y exigir acorde a las capacidades de cada niño o niña.
  • ¿Le damos oportunidades para el éxito? Si proponemos de forma continua tareas que exijan un nivel alto, es más fácil que llegue a frustrarse. Lo recomendable será alternar actividades con cierta exigencia y actividades fáciles que aseguren el éxito.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo con baja tolerancia a la frustración?

Os dejamos algunas recomendaciones para trabajar en casa:

  • Proponle a tu hijo o hija metas pequeñas y realistas. Recuerda, es importante darle oportunidades de éxito.
  • Ayuda a tu hijo o hija a aceptar lo que no puede cambiarse o no depende de uno mismo. Es normal que se enfade, pero poco a poco, con tiempo y práctica, ese enfado desaparecerá.
  • Averigua si tu hijo o hija sabe identificar el sentimiento de frustración cuando aparece. Ayúdale a poner nombre a lo que siente, ayúdale a expresarse.
  • Si está bloqueado con algo, recuérdale que puede pedir ayuda. Enséñale cuándo y cómo puede pedirla. Por supuesto, atiéndelo si te pide ayuda.
  • Refuérzale cuando su tolerancia a la frustración mejore e ignora cuando aparezcan comportamientos relacionados con la baja tolerancia a la frustración. Si él o ella entra en bloqueo, será contraproducente enfadarnos.
  • Déjale esforzarse, no hagas las cosas por él o ella, inculca la cultura del esfuerzo. En la misma línea, fomenta y premia su autonomía.
  • Realiza críticas constructivas y no destructivas. Por supuesto, acepta tú también las críticas. Recuerda, eres su modelo.
  • Evita comparaciones con otros niños o con sus hermanos o hermanas. Cada uno tenemos una identidad y recibimos las cosas de nuestro alrededor de una manera distinta.
  • Predica con el ejemplo. Si en casa se dan situaciones en las que el adulto presenta baja tolerancia a la frustración, la tendencia será la imitación de este patrón de comportamiento.

Finalmente, recuerda: el objetivo no es que el niño o niña deje de sentir la frustración, el objetivo es que sepa manejarse en ese sentimiento.

En UpSoftSkills estamos convencidos que la gestión de la frustración es una habilidad esencial que toda persona debiera desarrollar. Por eso hemos incluido este tema en nuestro curso Habilidades Esenciales para el éxito, pensado en niños de 8 a 13 años.

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