¿Cómo valoras las notas de tus hijos?
En estos días de cierre del curso escolar, queremos invitaros a reflexionar. Es cierto que la mayoría de los padres nos seguimos fijando en la “nota final” como lo que determina el conocimiento o buen hacer de nuestros hijos a lo largo de un trimestre o curso escolar.
Otros, todavía pocos, en lugar de valorar esa “nota final” como algo determinante, valoran la evolución que han tenido sus hijos a lo largo del curso o el esfuerzo que han puesto en sacar determinada nota, además de muchos otros factores personales que interfieren, para bien o para mal, en el desempeño.
En el post de hoy hablaremos de:
1 ¿Exigimos mucho a nuestros hijos?
2 ¿Es justo exigir “dieces” a nuestros hijos?
3 ¿Sólo es importante lo que medimos?
Si bien sabemos que cada uno de nosotros tiene unas habilidades, tendemos a resumir todas las actitudes, las aptitudes, las capacidades y el esfuerzo en la nota final de nuestros hijos que, en muchas ocasiones, temen la llegada de esas notas.
¿Exigimos mucho a nuestros hijos?
Debemos pensar en esto, imagina que todos los días te exigieran las ocho horas de trabajo y, además, una media de dos horas de “trabajo extra”. Además, debes ir a clases de inglés por las tardes y realizar algún deporte… y, con todo y con eso, debes estudiar para sacar la máxima nota posible, porque es tu “única” obligación.
Pensaréis “es por su bien, esto le beneficiará en un futuro” y, por supuesto, es por su bien. Por norma general, como padres jamás buscamos o planteamos de forma consciente algo que resulte perjudicial para nuestros hijos.
Pero, ¿es justo exigir “dieces” a nuestros hijos?
O lo que es más de lo mismo, mantener permanentemente un “yo sé que puedes hacerlo mejor“.
Podréis pensar: “sí, pero es que él o ella es capaz de hacerlo y va siempre a lo mínimo”.
Probablemente lleváis toda razón en lo de que puede ser capaz de hacerlo, pero ¿es necesario? Puede darse una buena ejecución, un buen planteamiento y un buen resultado, sin que la nota final sea excelente, bajo la lupa de los padres, claro.
¿Sólo es importante lo que medimos?
Cierto es que todos nos sentimos mejor cuando nuestros hijos sacan buenas notas, pero ¿cómo se sienten ellos? En muchos casos, el sacrificio y el esfuerzo a lo largo de los nueve meses de colegio pesa más que las notas. Es más, muchos de ellos sienten que las notas son “para los padres” y que esas notas no determinan realmente el conocimiento que tienen respecto a una materia o tema concreto, ya que un examen es una imagen fija, no es un global de mi hijo, sus conocimientos o sus capacidades.
Una buena nota en matemáticas no determina lo que son, igual que tampoco lo determina una nota en lengua, inglés o educación física.
Lo que determina quienes son, son ellos mismos, cómo se relacionan, cómo se sienten consigo mismos y cómo se sienten respecto a los demás, si son capaces de ser críticos, de no dejarse llevar y de actuar de forma correcta, si son empáticos… en definitiva, si son buenas personas, si son felices.
Es muy importante que, cada uno de nosotros, valore si las notas forman parte de nuestra propia exigencia y nuestras expectativas respecto al desempeño de nuestros hijos o, realmente, esa nota determina lo que han hecho nuestros hijos durante el curso.
El éxito no viene medido por una nota, comprende muchísimas otras cosas que forman parte de lo “extra académico”.
¿Cuánta gente conocéis que, pese a sacar “malas notas”, han conseguido labrarse un futuro y ser personas exitosas?
¿O cuánta gente conocéis que, sin estudios, ha conseguido repuntar entre todos los demás?
El sistema educativo actual fomenta que los padres funcionemos “en remoto” respecto al desempeño de nuestros hijos en el colegio, pero debes saber que esto está cambiando, y cambia justamente desde el propio sistema educativo, creyendo firmemente en la importancia de fomentar talentos, hacer buenas personas, fomentar el esfuerzo, crear mentes inquietas y fomentar la seguridad y la capacidad de los niños.
Potenciemos sus capacidades, valoremos el esfuerzo, el trabajo y la dedicación. Creamos en ellos y en sus talentos, y sobre todo, no sobre exijamos ni reduzcamos toda su trayectoria durante un curso escolar a una nota final.
Sólo de esta manera podremos crear adultos empáticos, que se valoren a sí mismos y a los demás, que crean en la cultura del esfuerzo, que conozcan cuáles son sus puntos fuertes y cuáles los menos fuertes. Lo crean o no, ellos son el futuro.
A veces, la vida exige mucha más comprensión, que conocimiento.
A continuación, os dejo una carta de un profesor, que se hizo viral hace un tiempo donde, justamente, habla de esto. Os invito a realizar una reflexión que nos ayude a todos, a formar a los mejores adultos del futuro.
“Estimados PADRES:
El semestre de sus hijos está próximo a terminar y las notas finales están pronto a ser reveladas, sé que están ansiosos por saber su desempeño, pero recuerden que entre todos nuestros estudiantes hay algunos artistas que no necesitarán comprender mucha Matemática, empresarios que no se preocuparán mucho de la Historia o la Filosofía, músicos cuyas calificaciones en Química tal vez no serán las mejores, deportistas cuyas aptitudes físicas serán muy importantes para su disciplina. Si su hijo no consigue las mejores notas no le quite la confianza en sí mismo, ni su dignidad. Dígale que está bien, que solo son notas, que así están hechos para cosas grandes en la vida, no les quiten los sueños y talentos; hagan esto y vean a sus hijos conquistar el mundo.
Obtener buenas o malas calificaciones no define nuestra Inteligencia, no tiene que quitarnos la confianza en nosotros mismos y mucho menos la dignidad.”