¡Enseñemos a los niños a aprender de sus errores!
“Si no estás preparado para equivocarte, nunca darás con nada original ni que merezca la pena”.
Cuando leemos estas palabras de Ken Robinson, casi todos parecemos asentir y estar de acuerdo con ellas. ¡Suenan genial!
Pero si lo analizamos con honestidad, para muchos ésta es solo una frase cliché, unas cuantas palabras bonitas carentes de significado. Es que nuestra sociedad no es realmente tan condescendiente con el error y seguimos viendo un vínculo firme entre error y fracaso.
Reconozcámoslo, ¡a todos nos encanta tener la razón! Nos llena de satisfacción ser los que más acertamos, lo que mejor predecimos, los que nuca se equivocan. ¡Qué no daríamos por ser infalibles!
Y es que, a pesar de que el sentido común nos lleva a darle la razón a Robinson, nuestros patrones mentales suelen tratar de ahuyentarnos del error a toda costa.
Por qué. Pues porque por definición el error es una acción, decisión o juicio que produce un resultado no deseado, o no intencional. Lo entendemos como una equivocación, un desacierto, aquello que no nos lleva a conseguir lo que deseamos. Por lo tanto, normalmente lo consideramos un fracaso, y ¡a nadie nos gusta fracasar!
Sin embargo, y aunque es correcta, esta definición no hace justicia a la dimensión del error. No reconoce el enorme valor que tiene como fuente de aprendizaje.
El error se puede cometer por distintos motivos. Si es por desconocimiento, viene a demostrar que hay algo que no sabíamos, si es por un malentendido, es un síntoma de que deberíamos prestar más atención en ciertas situaciones, si es por prisas, es una señal de que para ciertas situaciones debemos detenernos y actuar con calma… si el resultado no es el deseado, es indicativo claro de que tendremos que probar otra solución.
El error sólo es una equivocación si no se genera un cambio, un aprendizaje.
Cierto es que como adultos responsables debemos intentar hacer las cosas bien a la primera, evitar los errores, equivocarnos lo menos posible, pero esto se refiere más bien a aquellos errores que se pueden evitar.
El intentar hacer las cosas bien no debe estar reñido con tener una reacción constructiva cuando nos equivocamos. Es decir, en vez de frustrarnos debemos poner nuestra energía en analizar por qué hemos fallado y qué tenemos que hacer para que no vuelva a ocurrir.
Esto es clave y es lo que se conoce como “aprender de los errores”. Esta es una habilidad tremendamente importante y que en UpSoftSkills creemos que deberíamos inculcar desde edades tempranas.
Los niños lo necesitan más que nadie. Ellos están en pleno proceso de formación en casi todos los ámbitos de la vida. ¡Están constantemente equivocándose! Además, en lo académico se les mide permanentemente en cuanto a aciertos y errores, por eso es muy fácil que caigan en asociar fácilmente error a fracaso.
Esto es un riesgo. Fácilmente puede mermar su autoestima, su creatividad y sus ganas de pensar de forma diferente. El miedo al error es la principal barrera para progresar y desarrollarse.
Es una necesidad enseñar a los pequeños el enfoque positivo ante el error, enseñarles a buscar el aprendizaje detrás, enseñarles a transformar una equivocación estéril en un aprendizaje útil.

¿Cómo ayudar a nuestros niños y niñas a aprender de sus errores?
Aquí te damos algunos sencillos consejos:
- Intentar entender la respuesta del niño o niña
A veces una respuesta “errónea” viene de un razonamiento que hace el niño o niña, que tiene lógica desde su perspectiva. Es mejor una respuesta razonada, aunque incorrecta, a una respuesta correcta dicha de memoria sin entendimiento.
- Dar la motivación y la posibilidad de corregir el error
Si explicamos por qué no es correcta la respuesta del niño o niña, y le damos pistas para que llegue por sus propios medios a la respuesta adecuada, lo aprenderá mucho mejor que si simplemente le damos la respuesta correcta. Además, el haber sido capaz de corregirse les genera una sensación de éxito personal y fomenta su autoestima. Les hace sentirse capaces.
- Intentar entender lo que motivó el error
A lo mejor el niño o niña está inusualmente desconcentrado, pero es porque hay alguna situación de fondo que lo tiene intranquilo o le preocupa. Si suele cometer errores cuando está con prisas, debemos trabajar sobre esto, si comete más errores cuando está cansado, pues fomentaremos que las tareas difíciles las haga a primera hora. No nos quedemos solo en que “se equivocó”.
- Dejar claro que en casa se permiten los errores
Los niños necesitan “permiso” para equivocarse. Deben sentir y saber que está bien equivocarse y que esa es también una forma de aprendizaje. Por supuesto, no restamos importancia a la necesidad de enmendar los errores y aprender de ellos, para que no se vuelvan a repetir.